La Abada de Silberius

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Escrito el viernes, 28 de octubre de 2011 a las 00:31 h. por Silberius de Ura siendo Abad



La regla del hombre monje

Esta Abadía alienta -y de ningún modo obliga- en el seguimiento de la Regla del Hombre Monje, que fomenta la moderación, la auto disciplina y al mismo tiempo el gozo por las obras bien hechas. Entiéndase como una guía de viaje para la Vida, que este pobre Abad ha acertado a redactar. 

Esta regla es un estilo de vida, una relación de códigos de conducta que inspiran al monje, y favorece su relación fraternal con el resto de la comunidad y con su entorno, pero no es una imposición ni de pensamiento, ni de actitud.

      1. El monje, es un hombre que busca una experiencia vital más serena a través del silencio, la palabra, la reflexión, la creatividad, la paz interior, la moderación, la auto disciplina, la honestidad, el trabajo y el contacto con la Naturaleza. No es esta Abadía lugar para la vida contemplativa, ni para hombres* de mente apoltronada. Al hombre monje le hierve la sangre y su cabeza engendra constantemente ideas, y tan importante es el trabajo físico que las ejecuta, como el trabajo mental que las desarrolla (incluso con total ausencia de esfuerzo físico).

      2. El hombre monje obra con buena voluntad, y procura hacer lo que considera bueno y justo. No se siente obligado a ello por temor a castigo sobrenatural, o a posibles consecuencias, ni tampoco con la esperanza de una recompensa. Simplemente, hace lo que su conciencia juzga con sinceridad que es bueno, sin causar perjuicio a los hermanos ni a las gentes de buena voluntad. Evita la mentira y otorga pleno valor a la palabra dada.

      3. El hombre monje cultiva la auto disciplina, siendo incluso gratificante someterse a pruebas de auto control (moderadamente), sabiendo que el gozo de superarlas le dará mayor estima sobre si mismo. No es una obsesión, pero si un medidor de control sobre si mismo y una forma de sentirse cada día más seguro (que no más fuerte).

      4. El hombre monje se quiere, se estima y busca su felicidad. Cuida de si mismo, cultivándose y tratando de conocerse mejor, mejorando en aquello que sabe hacer bien y le produce satisfacción, sitiéndose bien con su aspecto. Busca el equilibrio entre su felicidad y la de su entorno, si acaso ambas no fuesen lo mismo.

      5. El hombre monje ama a su cuerpo, y lo trata con todo el respeto y devoción que se merece, pues nada sería sin él. El cuerpo ha de cuidarse. Ha de cuidar su higiene (sin exagerados hábitos que debiliten su autoprotección), sus órganos, su peso, su salud, porque en definitiva, el monje está cuidándose a si mismo. Un cuerpo mal cuidado, que se queja y duele, puede ofuscar una mente inquieta y saludable.

      6. El hombre monje procura mantenerse cerrado a experiencias que vayan contra sus principios, o que alterarían su serenidad, entendiendo por serenidad el estado de bienestar físico y mental, emocional y espiritual, que permite al monje focalizar nitidamente las cosas que suceden en su entorno, actuando con agilidad y criterio, sin ofuscamiento ni tensión.

      7. El hombre monje encuentra recompensas a sus buenas obras alcanzando la serenidad, pero también en los pequeños detalles (el fugaz encuentro con un animal salvaje en el monte, la visión privilegiada de una tormenta, un suceso grato e inesperado…)

      8. Hay muchas vidas en esta. Cuando una manantial se ha secado, quedarse esperando a que vuelva a brotar puede ser mortal. La capacidad del hombre para realizar innumerables labores a lo largo de su vida, y de vivir numerosas experiencias vitales, no puede ser castrada por una vida rutinaria, encerrada en un círculo infinito, donde todos los días se repiten a lo largo de los años. El hombre monje no tiene miedo de esquivar o superar todas las barreras que le apartan de sus objetivos.

      9. El hombre monje no renuncia al placer carnal, de la misma forma que no renuncia a degustar el aroma de la comida, el sabor de un buen vino, el calor del fuego en la chimenea, el miedo, la alegría y todas las percepciones que el cuerpo del hombre puede sentir.

      10. El hombre monje trabaja con su cuerpo para descubrir y potenciar todos sus sentidos, que de ninguna forma son sólo cinco.

      11. En el trato con los demás seres vivos, el hombre monje intenta entenderles como algo más que el cuerpo y la voluntad que se percibe habitualmente. Quiere esto decir, que en el trato con otros seres vivos, consideraremos siempre que sus experiencias vitales estarán influyendo en el futuro de ese ser energético. Es decir: más allá de interactuar con otros cuerpos físicos, estamos interactuando con otras energías vitales o inteligencias, que según algunas culturas, trascenderán lo tangible. El monje puede creer o no en esto, pero el respeto por los demás debiera contemplarlo. Dicho incluso de una forma más simple: no es lo mismo hablar a un niño pensando en que es un niño, que hablarle pensando que es un proyecto vital con un futuro absolutamente desconocido por delante.

      12. El hombre monje debe ser capaz de defender sus cosas de valor: su vida, a su familia, a sus hermanos y a sus animales, su casa y sus pertenencias. Y debe defender esto, con el mínimo uso de la violencia. Usando primero la defensa verbal, y en último caso, una defensa física.

      13. El hombre monje busca respuestas a sus preguntas existenciales, pero sin convertir esa búsqueda en obsesión, pues ninguna respuesta ajena puede ser la definitiva, y seguramente la única respuesta es la reflexión personal y la creencia propia. Al hombre monje no se le puede obligar a creer una doctrina.

      14. El hombre monje respeta la naturaleza. Las plantas y los animales son seres vivos (formas de energía como él), y de ningún modo debe acabarse con su vida por pasatiempo, deporte o sin necesidad.

* En esta regla del hombre monje, así como en el resto de textos que pueden consultarse en esta Abadía, damos a la palabra "hombre" un significado no excluyente ni discriminatorio en cuanto a la sexualidad de la persona, ni su sensibilidad. Quedan pues amparados bajo la denominación "hombre" todos los seres humanos.

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